A partir de un relevamiento realizado en 2015 por técnicos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación en el Municipio Santa Victoria Este (Salta) se comenzó a formular desde INTA un proyecto para el fortalecimiento de la comercialización comunitaria, con foco en los ex lotes fiscales 55 y 14. La propuesta fue de agregado de valor en origen de forma asociativa, teniendo como referencia experiencias similares en esta región acompañadas por INTA y la SSAF (Subsecretaría de Agricultura Familiar), así como de diversas ONG´s.
Para encarar este proceso se confeccionó un Plan de Capacitaciones dentro del Proyecto Bosques Nativos y Comunidad del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (Convenio de INTA con el Proyecto PNUD ARG 15/004-Préstamo BIRF N° 8493-AR), que comenzaron en julio 2017 en el asentamiento La Puntana (zona norte, en el límite con Bolivia), la Comunidad El Cruce (sobre Ruta Provincial Nº 54, cercana al pueblo de Santa Victoria Este), y en el pueblo de Alto La Sierra (zona sureste, cerca del límite con la Provincia de Formosa).
El objetivo fue estimular la organización de grupos intercomunitarios de mujeres, evaluando de forma participativa propuestas de innovaciones con agregados de materiales “nuevos” como telas (preferentemente de origen vegetal) y cueros de ganado menor curtidos artesanalmente por productores locales.
Los esfuerzos se centraron en ampliar y diversificar el circuito de comercialización de artesanías, ya que en el diagnóstico de la producción y ventas realizado en 2015 y 2016, se pudo ver que las mujeres vendían principalmente las llamadas “yicas” (bolsas/morrales) a comerciantes locales o a intermediarios. Estos llegaban al territorio ofreciendo un muy bajo precio, que en general era puesto por el comprador, y no solían ser ellas las que realizaban las negociaciones, sino los maridos o caciques.
Experiencia local de años anteriores
Se realizaron en algunas comunidades talleres para la construcción de precios, acompañamiento a artesanas y artesanos para la participación en Ferias, y para la venta a comercializadoras, especialmente desde las ONG´s “Arte y Esperanza” y “Asociana”, experiencias que finalizaron con la creación de una Casa del Artesano en la comunidad Santa María (destruida en la inundación de 2018). También se realizó una cartilla titulada “Lhachumtes ta kutsaj/Nuestras artesanías y trabajos en chaguar” a cargo de la Fundación Asociana, con apoyo de la Asociación Civil Niños de Hoy, Sociedad Bíblica Argentina, Arte y Esperanza y Tulipano Ceibo (Proyecto de 3 organizaciones), en donde se detalla el proceso de trabajo para realizar tejidos en chaguar, y un estimativo de la cantidad de materia prima y de horas que toma este proceso, registrando muchos de los nombres de los diseños que se repiten -con variaciones- en los tejidos tradicionales.
Es a partir de este contexto que desde INTA se organizaron grupos con los que se trabaja desde 2017, que quedó expuesta la necesidad de buscar alternativas superadoras para comercializar los tejidos que prácticamente todas las mujeres wichí saben realizar, con distintos puntos y formas.
Las artesanas comenzaron a intercambiar ideas sobre los modos de contar a las jóvenes el significado de las formas que se sostienen en los enlazados tradicionales, y a pensar nuevas estrategias de comunicación y comercialización. Así surgió la necesidad de identificarse como un grupo de trabajadoras con el nombre Thañí, que significa “Viene del Monte” en idioma wichí. Desde la conformación de este primer grupo, se dio como consecuencia la proyección a crear una marca colectiva que las represente a todas, mediante la cual las mujeres que participaron en los talleres comenzaron a tratar y negociar de forma directa con compradores y compradoras de otros puntos del país (especialmente de Buenos Aires), con el acompañamiento de Andrea Fernández del Programa Prohuerta de la Agencia de Extensión Rural de INTA en Tartagal y el equipo territorial de AER Santa Victoria Este.
Es en este proceso que las mujeres que integran este grupo reconocen que el trabajo asociativo las fortalece como trabajadoras y revaloriza uno de sus más importantes saberes, que es un legado ancestral, y una de las pocas posibilidades de ingreso de dinero, además de la AHU u otras ayudas estatales, que tienen las familias de las comunidades wichí que habitan el monte nativo.
Al ser consultadas acerca de cuál es la importancia de trabajar en grupo, las artesanas expresan[1]:
- “Es importante porque es un ingreso más para mi familia, y lo bien que me siento, trabajando día a día”
- “Más allá de que nos ayuda en un ingreso, también es un símbolo de nuestros ancestros”
- “El grupo Thañí es importante porque representa nuestra identidad tanto como un ingreso para mi familia”
- “Trabajar en grupo”
- “El significado de Thañí es la tradición de mi familia y la importancia de trabajar”
- “El grupo Thañí tiene significado como familia y las costumbres de ser wichi, es progresar en grupo por la familia”
- “Permite de tener mucha ayuda con el dinero, estar con las mujeres, y aprender a hacer cosas”
- “Juntarse con las otras mujeres y poder tener un trabajo”
- “El monte (thañí) da todo, permite de vender el artesanía y es lo más importante, permite vivir”
Respuestas más representativas en la encuesta realizada en el asentamiento indígena La Puntana, en abril de 2019 por la estudiante Léa Hernández (estudiante de Montpellier Supagro, especialización SAADS “Desarrollo agrícola y agroalimentario sostenible en el sur”, Francia) Supervisado por el Arq. Gastón Godoy Garraza (Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar - IPAF Región NOA - INTA)

Esta nueva propuesta de “rescatar” y fortalecer el valor del trabajo que realizan las tejedoras wichí impulsó la creación de nuevas estrategias de trabajo territorial que puedan ser comprendidas y apropiadas por parte de las mujeres a las que están dirigidas estas capacitaciones. Observamos el posicionamiento de ciertas artesanas como referentes de los subgrupos de cada comunidad o clan familiar, apoyadas en el acompañamiento institucional permanente y cercano que hacemos desde INTA.
En este proceso de trabajo colectivo vamos encontrando valiosos logros y también dificultades que aparecen cuando se logra tener pedidos de diversos compradores, los cuales muchas veces no tienen en cuenta el sentido y valor cultural de estas prácticas de transmisión de saberes y construcción de objetos para uso propio devenido en producción de mercancía para un “otro” que desconocen. Es así que surge un conflicto al imponerse la demanda del mercado y el sistema de la moda, dentro de la búsqueda del comercio justo, pero sin poder pagar un precio que tenga relación con el tiempo que lleva producir estos objetos artesanales. Para intervenir y apoyar en este proceso de trabajo, nos hemos vinculado con la Universidad Nacional de Tucumán realizando talleres con docentes de la carrera de Diseño de Indumentaria, al Ministerio de Trabajo de la Nación por el medio del cual hemos gestionado entrenamientos laborales para las artesanas, y también articulamos con la Organización de Mujeres Indígenas ARETEDE de Tartagal, INTA Diseño, y el Programa Artesanado Argentino que facilitó en 2018 y 2019 la participación del grupo de artesanas en Ferias y talleres en Buenos Aires posibilitando entrar en contacto con diversas compradoras que actualmente hacen encargos especiales con continuidad.
A partir de esta experiencia positiva, es que en el segundo semestre de 2019 se comenzó un nuevo ciclo de Talleres financiados por el Proyecto Bosques Nativos y Comunidad para continuar el trabajo iniciado en dos módulos de capacitación: “Innovación en la producción y diseño de textiles artesanales” y “Comercialización de textiles artesanales”, con el objetivo de sumar nuevos grupos de artesanas de otras comunidades de Santa Victoria Este y de la Comunidad Wichí Kayip del Departamento Rivadavia, Banda Sur.
La propuesta de innovación y asociación es una invitación a andar otros caminos, desde la llegada de sus trabajos a Ferias o Encuentros en otros puntos del país, como también en el territorio digital de las redes sociales que permite ampliar el público y potenciales compradores. En enero de 2020 son más de 100 las tejedoras wichí que comercializan su trabajo desde la marca Thañí/Viene del monte con acompañamiento permanente del INTA.
Actualmente, algunas de las artesanas de las comunidades con las que trabajamos en este proceso, se posicionan en el rol de docentes de sus pares, transmitiendo saberes heredados en la realización de puntos antiguos, enlazados más complejos que los que se suelen en las yicas tradicionales. Estos puntos de doble torsión permiten otros diseños que se habían dejado de hacer por su complejidad y la dificultad de la comercialización de los mismos, ya que toman al menos el doble de tiempo que el punto tradicional de torsión simple. En los talleres estamos estimulando la recuperación del punto llamado Fwokatsaj tchotey, con el que se realiza el diseño “orejas de mulita” que comienza a ser una forma que identifica a la marca, ya que todos los diseños de los textiles tienen un significado, representando una abstracción de un fragmento de un animal o vegetal del monte nativo.
En conclusión, la innovación en esta experiencia es una iniciativa de organización y de trabajo colectivo intercultural, no sólo para comercializar sino para renovar el imaginario sobre qué sabemos hacer y para qué lo hacemos. También es una nueva forma de fortalecer la autoestima de las mujeres que se posicionan como trabajadoras y defienden en sus creaciones la memoria cultural y las identidades cada vez más complejas de este territorio en permanente lucha y cambios.