El ministro del Interior, Diego Santilli, profundizó su recorrida por distintas provincias para reforzar el respaldo político que el Gobierno necesita antes del debate de la llamada "modernización laboral" en las sesiones extraordinarias que comenzarán el 2 de febrero.
En ese itinerario, la escala más significativa tuvo lugar este lunes en Salta, donde el gobernador Gustavo Sáenz no solo lo recibió en la Casa de Gobierno, sino que además dejó una señal explícita de acompañamiento. “No hay que tenerle miedo al cambio ni a avanzar. Son leyes viejas que hay que ir cambiando”, afirmó el mandatario salteño, quien también recomendó emplear el concepto de modernización para evitar las resistencias que, según dijo, despierta la palabra reforma entre la ciudadanía.
La voluntad política de Sáenz resulta especialmente valiosa para el oficialismo: el gobernador cuenta con tres diputados nacionales y la exsecretaria de Energía Flavia Royón en el Senado, cuya actuación reciente -incluido su apoyo al Presupuesto 2026- lo ubica como un actor clave de la ingeniería legislativa que el Gobierno necesita reeditar este verano. En la reunión, tanto Santilli como Sáenz destacaron la necesidad de generar empleo privado, aumentar la productividad y atraer nuevas inversiones mediante un marco laboral actualizado.
El viaje a Salta no fue un hecho aislado, sino parte de una secuencia de encuentros que Santilli viene desplegando desde principios de enero. Ya había sido recibido por Ignacio Torres en Chubut -en medio de la crisis por los incendios forestales-, por Leandro Zdero en Chaco, Alfredo Cornejo en Mendoza y Marcelo Orrego en San Juan. Con esos mandatarios, el ministro también recogió apoyos explícitos a la iniciativa, aunque no sin reclamos: algunos gobernadores expresaron su preocupación por el impacto fiscal que implicaría la baja en la recaudación del Impuesto a las Ganancias y pidieron mecanismos de compensación. Santilli sostiene que la modernización laboral terminará beneficiando a las provincias, y suele explicar que cada 400.000 trabajadores formalizados compensan el 0,15% de pérdida que podrían sufrir en 2027.
En paralelo a los encuentros concretados, también hubo reuniones que aún no tienen fecha. El caso más evidente es el del pampeano Sergio Ziliotto, con quien Santilli intentó reunirse dos veces en Casa Rosada -el mandatario peronista prefiere que sea allí y no recibirlo en su provincia-, pero el encuentro terminó suspendido primero por cuestiones personales y luego por razones climáticas. No hubo todavía reprogramación, aunque sigue en la agenda.
Para los próximos días, la hoja de ruta del ministro ya está definida. Este jueves viajará a Neuquén para reunirse con el gobernador Rolando Figueroa y, más tarde, en la misma jornada, hará lo propio con Rogelio Frigerio en Entre Ríos. Ambos encuentros forman parte del tramo final de negociaciones antes del inicio de las extraordinarias, en las que el Gobierno pretende replicar la estrategia política que le permitió aprobar el Presupuesto y la Ley de Inocencia Fiscal en diciembre.
En ese marco, Santilli cumple su rol de ser el principal articulador del oficialismo ante las provincias. Su tarea consiste en aceitar vínculos, interpretar reclamos y retener el apoyo de gobernadores que, aunque en muchos casos ya se pronunciaron a favor, buscan garantías de que la reforma no profundizará desequilibrios fiscales. La Casa Rosada, por su parte, se muestra confiada en que el impacto positivo sobre el empleo y la actividad económica terminará de convencer incluso a los más reticentes.
En este contexto, el periplo de Santilli se convierte en un termómetro político de primer orden: cada gesto, cada respaldo y cada reunión suspendida pueden incidir en el resultado de un debate que el oficialismo considera central para su hoja de ruta económica y legislativa.
Fuente: Parlamentario